Benoît de L’Estoile

Conferencia magistral, nuevos desafíos para la antropología y los museos. Una perspectiva de Francia. Foto Jaziel Dìaz, INAH.

 

 

 

*** Invitado por el INAH, el académico francés dictó la conferencia Nuevos desafíos para la antropología y los museos. Una perspectiva de Francia

 

*** Reflexionó acerca de cómo los museos deben adaptarse a las necesidades de su contexto y público, pero también respetar la herencia que resguardan y ser incluyentes con las comunidades que sus colecciones representan

 

Para el antropólogo francés, Benoît de L’Estoile, no hay una respuesta única a la cuestión de cómo atraer nuevos públicos y generar espacios incluyentes al interior de los museos de antropología del siglo XXI. Aun así, existen diversas aproximaciones con las cuales se puede experimentar para, en primer lugar, difundir un cierto acervo entre audiencias heterogéneas y, en segundo, ser respetuosos e incluyentes hacia las comunidades cuyo legado cultural se expone.

 

Invitado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), el profesor de la Escuela Normal Superior de París y académico del Centro Nacional de Investigación Científica de Francia, impartió en el Museo Nacional de Antropología la conferencia magistral Nuevos desafíos para la antropología y los museos. Una perspectiva de Francia.

 

Con el fin de hacer una reflexión acerca de cómo los recintos museísticos deben responder a su contexto, el investigador utilizó dos casos en particular: el del Museo del Hombre y el Museo de quai Branly,  ambos con sede en París, Francia.

 

El primero, dijo, fue creado en la década de 1930 y en su momento rompió con el paradigma naturalista y científico de los museos, que en el caso de los abocados a la antropología y etnología, hablaban de los pueblos indígenas como algo “exótico”, más cercano a los gabinetes de curiosidades del siglo XIX.

 

De acuerdo con L’Estoile, el Museo del Hombre respondió también a la necesidad de negar en Francia la ideología racial supremacista del periodo de entreguerras. Sin embargo, el desarrollo de nuevas corrientes antropológicas e incluso factores geopolíticos, dejó paulatinamente estancado al discurso del recinto, lo que a inicios del nuevo milenio derivó en la creación de un nuevo foro: el Museo de quai Branly, a donde fue enviada la totalidad de la colección etnográfica del Museo del Hombre.

 

Este hecho obligó al Museo del Hombre a replantear la manera en que presentaría sus otras dos grandes colecciones: prehistórica y de antropología física. Se hizo así una renovación total en su museografía, misma que apoyada con tecnología multimedia, permitió inaugurar en 2015 el Nuevo Museo del Hombre, dedicado a la evolución de la especie humana y a su lugar en el mundo pasado, actual y futuro.

 

“Además de retomar parte de su cometido enciclopedista original, que según se sabe por afiches publicitarios de los años 30, ofrecía ‘una visita al mundo en menos de dos horas’, el Nuevo Museo del Hombre se ha convertido en una metáfora sobre la gloria, la muerte y la resurrección de los museos”.

 

Al hablar acerca del tema de la inclusión de las comunidades originarias en los espacios museísticos, el profesor Benoît de L’Estoile puso como ejemplo al propio Museo Nacional de Antropología y los maniquíes de sus salas etnográficas.

 

Comentó que si bien para algunos teóricos la idea de exhibir maniquíes podría equivaler, desde una antigua visión naturalista, a la cosificación de los individuos pertenecientes a las etnias representadas por dichas figuras, esos mismos objetos pueden ser planteados al visitante de maneras innovadoras.

 

Una de ellas, la cual conoció tras charlar con los curadores de las salas y saber que los maniquíes fueron hechos con base en la imagen de personas reales, podría ser justo la de contar la historia de dicho proceso artístico, o bien la perspectiva de quienes, más que solo servir como modelos, buscaron dar a conocer una imagen atemporal de los rasgos más característicos de sus comunidades y herencias culturales.

 

Comentó que la idea de dar a conocer lecturas múltiples de un mismo objeto, sea etnográfico o arqueológico, ha sido una prioridad en los estudios de audiencia hechos por el Nuevo Museo del Hombre, en París, o el Museo Británico de Inglaterra, cuyos públicos, además de buscar datos de filiación cultural o temporalidad en cedularios, también quieren saber de las técnicas de manufactura, las leyendas asociadas a un elemento, o la historia de cómo ciertas piezas terminaron integradas a los acervos.

 

“No existen soluciones universales ni mucho menos fáciles. Sin embargo, creo que los museos deben encontrar la manera de combinar temáticas complejas con formas amenas, mas no por eso simples, de presentarlas a sus visitantes”.

 

De esta forma, el teórico concluyó que los museos deben esencialmente ser espacios agradables de recorrer. Nuevamente ejemplificó con el Museo Nacional de Antropología, un recinto “que es una obra de arte por sí mismo y en el que sólo pasear es un placer. Esa es la diferencia entre los sitios a los que uno busca regresar pronto y aquellos en donde uno sale con la firme voluntad de no volver jamás”.

 

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Atención a medios de comunicación

 

  Arturo Méndez

 

Suli Kairos Huerta Figueroa
Directora de Medios de Comunicación

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